La carne ya es un lujo: sube fuerte el precio y el consumo cae a mínimos de 20 años
El último informe del INDEC confirma una suba del 6,9% en marzo, muy por encima de la inflación. Menos consumo, cortes más caros y un cambio silencioso en la mesa de los argentinos.
La carne, símbolo histórico de la mesa argentina, empieza a transformarse en un bien cada vez más inaccesible. En marzo, su precio aumentó 6,9%, duplicando el índice general de inflación, que fue del 3,4%, según datos oficiales del INDEC. Pero el dato más fuerte no está solo en el precio: está en lo que dejó de comprarse.
En el primer trimestre del año, el consumo cayó un 10% interanual, con un total de 512,8 mil toneladas, de acuerdo a la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina. La tendencia se refleja con mayor crudeza en el consumo per cápita: 47,3 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en más de dos décadas.
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El contraste es contundente. Durante años, Argentina fue uno de los países con mayor consumo de carne vacuna del mundo, con registros que superaban los 60 kilos anuales por persona. Hoy, esa marca parece lejana.
El aumento de precios impacta directamente en el bolsillo. Los cortes más populares ya rondan los $18.000 por kilo, en un contexto donde los alimentos siguen siendo el principal factor de presión sobre los ingresos. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, incluso, las subas fueron más pronunciadas, alcanzando el 10,6% mensual según relevamientos privados.

La escalada no fue uniforme. Algunos cortes registraron aumentos mucho más fuertes: la picada común subió 20,4%, la carnaza 17,7% y la falda 13,4%, de acuerdo con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.
También hay diferencias según el canal de venta. En carnicerías, los precios treparon un 12,2% mensual y acumulan un alza interanual del 73,5%, mientras que en supermercados el incremento fue menor, aunque igualmente significativo.
El resultado es un cambio silencioso pero profundo: los argentinos comen menos carne. Y no por elección.
El dato abre un debate de fondo: ¿estamos frente a un cambio estructural en los hábitos de consumo o a una consecuencia directa de la pérdida de poder adquisitivo? ¿La carne deja de ser un alimento cotidiano para convertirse en un consumo ocasional?
Mientras los precios siguen en alza y el consumo en caída, la pregunta ya no es cuánto cuesta la carne, sino quién puede pagarla.