Sin plan B: Caputo advierte que el rumbo económico “no va a cambiar”
Mientras el consumo se desploma y crece la informalidad, el ministro ratificó que el rumbo “no va a cambiar”, trasladó responsabilidades al sector privado y prometió un futuro de crecimiento que hoy no se refleja en la vida cotidiana.
En un contexto de fuerte deterioro del poder adquisitivo, caída del consumo y creciente presión sobre las economías familiares, el ministro de Economía, Luis Caputo, eligió endurecer el tono y enviar un mensaje directo al empresariado: el ajuste continuará y no habrá cambios en el rumbo.
“Este camino no va a cambiar”, sentenció durante su exposición en el Summit 2026 de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina, en una definición que deja en claro que el Gobierno prioriza la consistencia de su programa económico incluso frente a los signos de desgaste social que se multiplican en todo el país.
"Se vienen los mejores meses"
— Corta (@somoscorta) April 13, 2026
Luis Caputo afirmó que "seguramente el número de inflación de marzo sea de 3%" y dijo que "a partir de abril se viene un proceso de desinflación y de crecimiento".https://t.co/UgSv4IW2UV pic.twitter.com/IGw5S1T3cI
Lejos de reconocer el impacto de las políticas sobre la actividad, Caputo atribuyó las dificultades que atraviesan distintos sectores a decisiones empresariales. “La realidad es heterogénea, como lo es la decisión de las personas”, sostuvo, en una mirada que corre el foco de la crisis estructural hacia comportamientos individuales.
El mensaje llega en un momento en el que amplios sectores productivos denuncian caída de ventas, problemas de financiamiento y pérdida de competitividad, mientras las familias enfrentan aumentos sostenidos en alimentos, servicios y transporte que erosionan ingresos mes a mes.
En ese marco, el ministro también cuestionó estrategias defensivas de las empresas, como el sobrestockeo ante escenarios de incertidumbre. “Eso no va”, afirmó, al tiempo que respaldó el programa económico del gobierno de Javier Milei, al asegurar que “está haciendo las cosas bien”.
Sin embargo, incluso dentro de su propio diagnóstico optimista, Caputo dejó entrever tensiones difíciles de ocultar. Admitió que el empleo crece principalmente en la informalidad, una señal de precarización que contrasta con la promesa de recuperación sostenida. Aun así, descartó cualquier revisión del rumbo: “No podemos volver a un modelo que fracasó”.
En paralelo, planteó que parte de la industria deberá reconvertirse hacia servicios, en un proceso que, lejos de ser neutro, implica costos sociales concretos en términos de empleo, salarios y entramado productivo. “Trabajamos para que la reconversión se dé lo más rápido posible”, aseguró, sin profundizar en el impacto que esa transición puede tener sobre miles de trabajadores.
Pese al escenario adverso, el titular del Palacio de Hacienda insistió en que los próximos 18 meses “serán los mejores de las últimas décadas”, una proyección que contrasta con la realidad actual de muchas familias que ajustan gastos básicos para llegar a fin de mes.
También reiteró que la inflación comenzará a desacelerarse con fuerza a partir de abril, apoyado en una mejora de la demanda de dinero, una variable técnica que, por ahora, no logra traducirse en alivio concreto en los bolsillos.
El mensaje oficial, en definitiva, no deja margen para dudas: el ajuste seguirá su curso y la carga de la adaptación recaerá tanto en empresas como en la sociedad. En una Argentina atravesada por la incertidumbre y el deterioro social, la apuesta del Gobierno es sostener el rumbo, aun cuando los costos se vuelven cada vez más visibles.