"Hubo principio de entendimiento": así sellaron el pacto electoral Cristina Kirchner y Axel Kicillof
06 de junio de 2025
La cumbre duró más de 2 horas y terminó de noche. "Hubo principio de entendimiento", afirmó una fuente cercana a uno de los dos protagonistas a La Plata Diario. El lunes Kicillof se reúne con Intendentes.
Por Redacción La Plata Diario
En el corazón político de la provincia de Buenos Aires, una escena que muchos creían postergada finalmente ocurrió. Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, distanciados en los gestos públicos pero cercanos en los silencios estratégicos, compartieron este martes una reunión a puertas cerradas que podría marcar el inicio de una nueva etapa en el peronismo bonaerense. Según pudo averiguar La Plata Diario, "hubo entendimiento" entre ambos y acordaron trabajar en conjunto en el armado de las listas para las elecciones legislativas del próximo 7 de septiembre.
El telón de fondo: un peronismo en busca de coordenadas
En una provincia que concentra más del 35% del padrón electoral nacional, la política nunca descansa. Menos aún cuando el peronismo atraviesa uno de sus momentos más inciertos desde el regreso de la democracia. Fragmentado, herido por las derrotas electorales recientes y asediado por las internas, el Frente de Todos —o lo que queda de él— necesita reconfigurarse si pretende recuperar centralidad.
En ese contexto, el encuentro entre la dos veces presidenta y el exministro de Economía adquiere una densidad simbólica considerable. Porque no es sólo una foto —que, por cierto, aún no se difundió oficialmente—, sino la señal de un eventual reencuentro entre el cristinismo histórico y el kicillofismo, que supo caminar con autonomía en los últimos meses.
El escenario: un despacho sin cámaras y un café sin testigos
La reunión se realizó bajo un total hermetismo, lejos de los micrófonos y de las miradas de la militancia. Según confirmaron fuentes cercanas a ambos dirigentes, la cita comenzó pasadas las 17 horas y se extendió por casi dos horas y media. No hubo asesores, ni ministros, ni celulares sobre la mesa. Solo Cristina, Axel y una conversación larga, de esas que se debían desde hace tiempo.
¿Qué se dijo en ese diálogo?
Lo esencial: la necesidad de ordenar el tablero, evitar una dispersión electoral que beneficie a la oposición y, sobre todo, diseñar listas con "volumen político, territorialidad y proyección".
De la tensión al entendimiento
Quienes conocen los códigos del peronismo saben que las diferencias no se ventilan, se procesan. Y aunque en los últimos meses los mensajes cruzados entre La Cámpora, el Instituto Patria y la Gobernación de la Provincia parecían anticipar un divorcio irreversible, lo cierto es que Cristina y Axel comparten algo más que un recorrido: comparten una visión de poder que, aunque en disputa, sigue siendo estructuralmente frentista.
"Fue una charla franca, sin pases de factura, pero con claridad de diagnóstico", dijo a La Plata Diario una fuente con acceso al cónclave. La exmandataria reconoció los errores de la última campaña y Kicillof expuso las dificultades de gobernar sin un armado legislativo propio. Ambos coincidieron en algo elemental: "sin unidad, no hay 2025, ni mucho menos 2027".
De discípulo a heredero incómodo: la historia política entre Cristina y Axel
La relación entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof no nació en la liturgia del PJ, ni en los pasillos de una unidad básica del conurbano. Su punto de partida fue más bien académico, técnico, ideológico. En 2011, el joven economista de barba prolija y tono pausado irrumpió en la escena pública como parte del equipo que pensaba la economía “desde adentro del modelo”. Primero como viceministro, luego como titular de la cartera, Kicillof fue el ministro predilecto de la presidenta durante su segundo mandato.
Cristina lo defendía en público y en privado. Lo empoderó frente a los sectores tradicionales del peronismo y lo presentó, con gestos más que con palabras, como uno de sus cuadros más formados. En el verano de 2015, cuando muchos especulaban con fórmulas presidenciales, algunos imaginaron que la exmandataria podría incluso ungirlo. No ocurrió, pero el afecto político estaba claro.
En 2019, esa confianza se tradujo en decisión: fue Cristina quien lo eligió como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Lo hizo por encima de los intendentes, de La Cámpora e incluso de aquellos que dudaban de su capacidad de campaña. Le bastó un tuit y un video para sentenciar: “Axel es el mejor cuadro de los últimos 40 años”. Ganaron por paliza. Volvía el peronismo, con ella como vicepresidenta y él como mandatario provincial.
El desgaste de los años en el poder
Pero gobernar desgasta. Y más aún cuando se gobierna en medio de una pandemia, una crisis económica persistente, presiones judiciales y una interna nacional sin brújula. La relación comenzó a enfriarse, no por diferencias ideológicas, sino por desajustes estratégicos. Axel se acercó a los intendentes del conurbano y buscó un estilo propio de conducción. Cristina, cada vez más replegada en el Senado y en el Instituto Patria, percibió cierta autonomía como gesto de rebeldía.
Las críticas veladas comenzaron a asomar. En actos y discursos, se hablaba de “falta de gestión territorial”, de “ausencia de conducción política”, de “tecnicismo sin épica”. En off, desde el entorno del gobernador, se devolvía con lo justo: “no se puede gobernar con tuits ni con nostalgia del 2013”.
Sin embargo, nunca hubo ruptura. Cristina nunca lo cuestionó de frente. Axel jamás se desmarcó del todo. Fue un distanciamiento táctico, no ideológico. Una pausa, quizás. Hasta ayer.
En ese mapa fragmentado, Axel Kicillof emergió como el único gobernador peronista con poder real en términos de votos, gestión y estructura. Pero ese poder también fue objeto de disputa. En los últimos meses, las tensiones con La Cámpora —especialmente con Máximo Kirchner— se hicieron evidentes, aunque siempre bajo la lógica no escrita del peronismo: los trapos sucios se lavan en casa.
La Cámpora: herencia, contradicciones y disputa de territorio
La organización que supo ser sinónimo de juventud militante kirchnerista hoy enfrenta una crisis de representación. Su conducción es cuestionada por sectores que la acusan de haber perdido el vínculo con los territorios y de operar con una lógica de cerramiento político. Máximo Kirchner, en particular, aparece como una figura que genera adhesiones pero también rechazos.
Kicillof, en ese sentido, viene jugando un equilibrio tenso: necesita a La Cámpora, pero no quiere ser arrastrado por sus disputas internas. De ahí que el encuentro con Cristina —con quien La Cámpora comparte ADN pero no siempre estrategia— sea leído también como un movimiento para ordenar ese espacio sin depender exclusivamente de su hijo político.
El factor intendente: autonomía, presión y pulseada por las listas
Mientras tanto, los intendentes del PJ bonaerense siguen siendo la maquinaria electoral más robusta del peronismo. Saben que tienen el territorio, el aparato y, en muchos casos, la legitimidad popular que los coloca como protagonistas inevitables del armado.
Varios de ellos comenzaron a reunirse en las últimas semanas para organizar un polo de poder propio, que actúe como contrapeso de Kicillof y de La Cámpora. Apuntan a negociar desde una posición de fuerza, con listas propias y condiciones para evitar que se repita lo ocurrido en 2023, cuando sintieron que las decisiones se tomaban en una mesa cerrada, lejos del territorio.
El pacto entre Cristina y Axel, en este contexto, aparece como una movida que puede reconfigurar ese equilibrio: si ambos se alinean, obligarán a los intendentes a entrar en el juego. Pero si el acuerdo es meramente formal y no se traduce en consensos concretos, el riesgo es una interna aún más feroz.