Humor social en caída libre: el ajuste golpea, crece el desempleo y se erosiona el apoyo a Milei
18 de abril de 2026
Un informe revela un deterioro sostenido del clima social, con caída de expectativas, aumento de la desconfianza y una señal de alarma para el Gobierno: la paciencia empieza a agotarse incluso entre sus propios votantes.
El clima social en la Argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Un nuevo informe de QMonitor, elaborado por QSocial Big Data, confirma lo que ya se percibe en la calle: el humor social se desploma, las expectativas económicas se hunden y el respaldo al oficialismo empieza a mostrar fisuras cada vez más visibles.
Por tercer mes consecutivo, cae la evaluación positiva de la situación del país y se profundiza una sensación de malestar que atraviesa todos los niveles. Ya no se trata solo de percepciones: los indicadores empiezan a consolidar un escenario de desgaste sostenido.

El dato que enciende alarmas: el desempleo supera a la inflación
El cambio más significativo del informe es también uno de los más sensibles: el desempleo pasó a ser la principal preocupación de los argentinos, desplazando a la inflación, que durante meses ocupó el centro de la escena.
No es un dato menor. Marca un giro en el impacto de la crisis: del deterioro de precios al temor concreto por la pérdida de ingresos. En paralelo, más del 60% de los encuestados reportó despidos en su entorno cercano en los últimos meses, lo que refuerza la percepción de fragilidad laboral.
El resultado es un combo explosivo: caída del poder adquisitivo, incertidumbre laboral y un horizonte económico cada vez más difuso.
Se rompe el respaldo: cae el apoyo incluso entre votantes propios
Uno de los puntos más incómodos para la Casa Rosada es que el desgaste ya no se limita a los sectores opositores. El informe detecta una caída en el apoyo incluso dentro del electorado que respaldó a Milei.
La tolerancia al ajuste —una de las principales apuestas del oficialismo— también retrocede con fuerza: pasó del 42% al 35% en apenas un mes. El mensaje es claro: la paciencia social tiene un límite y empieza a acercarse.
A esto se suma un deterioro en el vínculo emocional con el Presidente. Los indicadores de empatía y confianza caen a niveles mínimos, lo que impacta directamente en la capacidad del Gobierno para sostener legitimidad en un contexto adverso.

Más desconfianza y récord en percepción de corrupción
El informe también refleja un dato políticamente sensible: la percepción de corrupción crece y alcanza su punto más alto desde que se realiza la medición.
Este factor, combinado con el deterioro económico, golpea en el corazón del discurso oficial, que había hecho de la transparencia una de sus principales banderas.
La consecuencia es directa: cae la confianza institucional y se debilita uno de los pilares que sostenían al Gobierno frente al ajuste.

Expectativas en rojo y economía en retroceso
El capítulo económico del informe es contundente. La evaluación negativa de la situación económica sube con fuerza y las expectativas a futuro empeoran de manera acelerada.
Más de la mitad de los encuestados cree que la situación va a empeorar en los próximos meses, mientras que crece el endeudamiento cotidiano: siete de cada diez argentinos ya recurren a ahorros, crédito o ayuda externa para llegar a fin de mes.
El deterioro deja de ser una proyección y se convierte en experiencia diaria.

Sin capital político a la vista
A pesar del desgaste del oficialismo, la oposición tampoco logra capitalizar el malestar. El informe señala que, aunque figuras como Cristina Fernández de Kirchner se mantienen como referencias, no aparece una alternativa clara que canalice el descontento social.
Este vacío genera un escenario inestable: un Gobierno que pierde apoyo y una oposición que no logra absorberlo.

Un desgaste que ya no es marginal
El dato de fondo es que el deterioro dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en tendencia. Caen la confianza, la paciencia y las expectativas, mientras crecen la incertidumbre y la preocupación por el empleo.
El desafío para el Gobierno ya no pasa solo por sostener el rumbo económico, sino por evitar que el desgaste social termine erosionando su base política.
Porque cuando el humor social entra en caída libre, el problema deja de ser económico y pasa a ser, inevitablemente, político.


